viernes, 13 de enero de 2012

Cosmogonia

COSMOGONIA


El establecimiento y mantenimiento de los nexos entre los elementos y regiones polares es de suma importancia para la vida en general. La vida es el flujo de energía cósmica en y a través de las oposiciones complementarias; cuando este flujo es interrumpido por distintos motivos, la muerte vence sobre la vida.

Todos los fenómenos de transición, por su delicadeza e implicación de movimiento de energías, reciben una dedicación ritual y ceremonial especial por parte del ser humano, quién es copartícipe en la conservación y continuación de la relacionalidad cósmica, a través de los ritos simbólicos.

La mayoría de los rituales tiene que ver, directa o indirectamente con tales fenómenos de transición.

El ser humano, antes que ser un ente racional y productor, es una entidad natural, un elemento que está relacionado por medio de unos sinnúmeros de conexiones vitales con el conjunto de entidades y fenómenos naturales (astronómicos, meteorológicos, geológicos, zoológicos y botánicos).

La comunicación directa con la naturaleza en el cultivo de la tierra, pero sobre todo en las múltiples formas ceremoniales de comunión con las fuerzas vitales, no permite una concepción instrumental y tecno morfa de la misma.

La relación del ser humano con la naturaleza es vital, ritual y mágica.

No tiene una relación de oposición con la naturaleza, pues no se trata de un adversario que hay que vencer, sino una compañera con la que convive.

La naturaleza no se puede conocer lógicamente, sino sólo vivir orgánica y simbólicamente.

La naturaleza es el todo de la realidad y no así una entidad opuesta a otra.

La MamáPacha relaciona los 3 estratos del universo, a través de su fecundidad: la semilla es enterrada en el mankapacha, el sol fecunda a la tierra fértil mediante su kámac y a través de la lluvia alimenta a la vida, y el ser humano se hace partícipe de este proceso labrándola.

La MamáPacha es la fuente principal de vida y, por tanto, de la continuación del proceso cósmico de regeneración y transformación de la relacionalidad fundamental y del orden cósmico; en ese sentido la MamáPacha es mamá cosmos o principio cósmico femenino.

La MamáPacha es un ser vivo orgánico que siente y que da recíprocamente; es una entidad que actúa y reacciona.

Los apus/achachilas son los espíritus de las grandes montañas y son considerados sustitutos de la parte expansiva (masculina) de la MamáPacha. Los maraumas son los espíritus de los ríos y lagos y son considerados sustitutos del lado generativo y conservador (femenino) de la MamáPacha. El ser humano es una de sus tantas criaturas que amamanta.

Las entidades (elementos) nacen, crecen, se reproducen y mueren según su propio dinamismo y de acuerdo a un orden orgánico subyacente.

El ser humano es ante todo agricultor y no productor, es decir cuidante de la tierra, socio natural de la MamáPacha, cocreador integral en la casa común de todas las entidades.

El ser humano no es distinto de los entes no humanos; también los animales, las plantas, las montañas y las aguas son animados y merecen, como la MamáPacha, respeto y un tratamiento justo, de acuerdo a su lugar en el orden cósmico.

Las plantas y los animales, en especial los domésticos, son compañeros del ser humano, copartícipes en la acción creadora y cultivadora del cosmos (pacha).

El ser humano no debe intervenir a su gusto y como dominador en el orden cósmico sin que este se desequilibre; tiene que respetar el ritmo orgánico de nacimiento, crecimiento y reproducción, y la polaridad entre vida y muerte (siembra y cosecha). El ser humano tiene que escuchar la relacionalidad ordenada en la naturaleza para descubrir la estructura simbólica inherente, el misterio de la vida y el ordenamiento cósmico; y para obedecer, dar respuesta adecuada y correlativa a través de su actitud y comportamiento. Si el ser humano no escucha, y cambia la topografía a su gusto, la reacción correlativa trae un trastorno también para él (desastres naturales).

El ser humano está ligado estrechamente a todos los fenómenos naturales porque forma parte de ellos. Un cambio en la naturaleza afecta al ser humano, y un cambio irregular por parte del ser humano lleva a trastornos meteorológicos, agrícolas y hasta cósmicos.

La forma más estricta de observación en el sentido de cuidar, ayudar y cocrear entre ser humano y naturaleza se da con respeto a la MamáPacha. El campesino está en permanente diálogo con ella, observando sus días intocables que se relacionan con los solsticios, los cambios de fases lunares, los tiempo de pago antes de la siembra (1 al 6 de agosto) y las fiestas religiosas importantes. También le pide permiso para poder abrirla, y le da las gracias por la cosecha, devolviendo algo de sus productos en forma simbólica (pagos, despachos, challas, ofrendas). También a los animales antes de matarlos se les pide permiso para que el alma del animal no se enoje.

Los principios de la relacionalidad y su observación son la garantía para la continuidad de la vida en especial, y del orden cósmico en general. Esta observancia es ante todo de carácter ceremonial y celebrativo, pero en el sentido de una simbología eficaz, y no de una simple representación, sino de una cocreación para mantener y llegar a la concreción plena del orden cósmico.

La verdadera productora es la MamáPacha, y el ser humano la cultiva. El cultivo es entonces una forma de culto, una presentación simbólica del orden orgánico y relacional de la vida, y no así una ilimitada forma de producir amoralmente, sino un dialogo íntimo e intenso con las fuerzas de la vida, una oración a la MamáPacha, un acto simbólico de carácter ritual y de culto.



No hay comentarios: