LOS
CICLOS
El tiempo es como la respiración, el latido del corazón, el ir y
venir de las mareas, la sucesión de los días y las noches. El tiempo es una relacionalidad cósmica
copresente con el espacio, o simplemente otra manifestación del pacha.
El ser humano vive en el tiempo tal como vive en el espacio.
Las categorías temporales más importantes son antes y después.
El tiempo tiene un orden cualitativo según la densidad, el peso y la
importancia de un acontecimiento; por
eso existen tiempos densos y tiempos flacos.
El tiempo no es cuantitativo sino cualitativo; cada tiempo tiene su propósito específico:
existe un tiempo para la siembra, otro para el aporque, otro para la
cosecha; hay tiempos rituales para hacer
las ofrendas y las ceremonias. Los
rituales y las ceremonias no son neutrales con respecto al tiempo. Si no es el tiempo apropiado, el ritual no
tiene el efecto deseado. No se puede
presionar el tiempo.
Con respecto al tiempo, existen fenómenos de transición marcados por
los fenómenos astronómicos como los solsticios, equinoxios, fases lunares, los
eclipses, el alba y el ocaso. Se trata
de fenómenos que revelan una cierta delicadeza e implicación de movimiento de
energías del orden cósmico. El sol muere
y renace en cada transición respectivamente;
en los solsticios el sol cambia de dirección respecto a la tierra: estos
momentos son fiestas ceremoniales muy importantes que marca el inicio y la
transformación de un ciclo o la muerte para renacer en otro ciclo. Estos tiempos son usados por la comunidad
humana para ceremonias que aprovechan el flujo de energía de estos fenómenos
naturales de transición y aplicarlos en la vida diaria del ser humano.
Un eclipse solar es interpretado como el augurio de un desastre por
causa de una infracción cósmica por parte del ser humano, o como la
consecuencia de una desgracia. Estos
fenómenos están fuertemente relacionados al orden cósmico de complementariedad,
constituyéndose una anomalía que se la tiene que restablecer mediante rituales.
Los múltiples ciclos obedecen normalmente a los principios
fundamentales de correspondencia y complementariedad. Cada ciclo tiene 2 fases
complementarias; así el ciclo solar
consiste en día y noche, verano e invierno;
el ciclo lunar en creciente y menguante;
el ciclo agrario de las épocas de siembra y cosecha; el ciclo meteorológico de los periodos de
sequía y lluvia. El tiempo entre el
solsticio de invierno y equinoxio de primavera (1 al 6 de agosto) marca el inicio
del año agrícola y es a la vez el punto culminante de la época de sequía que
debe revertirse para dar paso a las lluvias.
La epocabilidad muy pronunciada entre los periodos de sequía y lluvia
es una de las bases hermenéuticas para la experiencia cíclica del tiempo. El tiempo es discontinuo y cualitativamente
heterogéneo. Pero también hay ciclos que
trascienden la regularidad astronómica: los ciclos de barbecho de 5 a 7 años, según la
consistencia de los suelos; los ciclos
generacionales de 20 años; y por fin, la
misma historia es una secuencia de ciclos o épocas que terminan y comienzan por
un pachakuti, un fenómeno cósmico donde se genera un desorden cósmico para
originar un orden distinto.
Para los atlanthes, pasado y futuro son el mismo tiempo. El futuro no sólo es algo que viene delante y
el pasado no sólo es algo que se va detrás, sino también al revés: el futuro en
cierto sentido está atrás, y el pasado adelante.
El presente es simplemente el momento de ahora.
El tiempo es entonces bidireccional.
Para la racionalidad cíclica y complementaria el futuro también está
atrás y el pasado adelante y viceversa.
La historia no es el campo de realización de lo nuevo, ni del
progreso o desarrollo hacia lo mejor;
más bien la historia es la repetición cíclica de un proceso orgánico,
correspondiente al orden cósmico y su relacionalidad.
La gran cuenta o año galáctico es el ciclo más largo conocido, que a
su vez consta de 5 soles o épocas de aproximadamente 5.200 años cada una. Cada uno de los soles termina en un jacha
pachakuti, es decir en un cataclismo cósmico regido por cada uno de los 4
elementos respectivamente (aire, tierra, fuego, agua), excepto el quinto jacha
pachakuti que es regido por el espíritu y que sucede entre 2 años
galácticos.
No hay continuidad ininterrumpida entre los diferentes ciclos o
épocas; el tiempo es radicalmente
discontinuo y procede a manera de saltos o revoluciones cósmicas
(pachakutis).
En un pachakuti el universo vuelve a su estado caótico y desordenado,
para seguidamente reordenarse nuevamente y formar otro pacha, que en realidad
es otro ciclo cósmico. Los ciclos no son
meras repeticiones o retornos de lo mismo, sino una nueva manera evolucionada
de ordenar el universo bajo ciertos parámetros.
La figura simbólica adecuada es más la espiral que el círculo.
El pasado está presente en el tiempo actual de distintas
maneras. Los antepasados no han dejado
simplemente de existir e influenciar, sino que siguen viviendo dentro del
pueblo.
El Dorado es el paraíso perdido, la tierra sin mal de un pasado
históricamente no identificable, y que nos espera en el futuro.
Existe una sincronicidad intercíclica que es la copresencia simbólica
y celebrativa de acontecimientos de distintos momentos históricos.
El atlanthe hace presente al pasado y futuro mediante el rito, la
ceremonia y el culto.
Cada sol está compuesto de 10 ciclos (eras) de aproximadamente 500
años. El último pachakuti de cada sol
(espíritu) abre el campo al futuro, pero como restitución definitiva del
pasado. No se trata de una proyección
del rumbo histórico a un lugar todavía desconocido y totalmente nuevo ni nunca
antes realizado, más bien se trata de una recapitulación definitiva de lo que
ya tenía alguna vez su lugar.
La esperanza de los atlanthes no está dirigida a un futuro
desconocido y totalmente nuevo, sino a un pasado almacenado en el simbolismo
del subconsciente colectivo. La
esperanza de liberación y restitución del orden está puesta en una realidad
pasada que, sin embargo, nos espera en el futuro.
La capacidad extraordinaria del atlanthe de aguantar situaciones y
tiempos difíciles, es porque conoce exactamente la relacionalidad intrínseca
del universo y sus consecuencias. Su
aguantar no está dirigido a algún día futuro, sino a la seguridad colectiva de
que la plenitud del tiempo ya se haya cumplido y realizado en el pasado/futuro.
El desorden cósmico, resultado de una serie de infracciones muy
graves contra el principio de reciprocidad, sólo puede convertirse nuevamente
en orden mediante un giro violento y radical.
Un pachakuti es una revolución cósmica, un salto cualitativo de un
cierto orden a otro, a través de una catástrofe natural. En sentido ético, el pachakuti es el último y
más radical remedio para restituir el equilibrio severamente dañado.
Saranpacha: el tiempo que se va.
Kamirpacha: el tiempo presente.
Jutirpacha: el tiempo que viene.
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